23 nov. 2008

ERES

Eres tres manzanas mordidas miles de veces. Eres madrugada. Eres un mal día. Eres palabras. Eres como la midriasis por cocaína. Eres el pelo largo. Eres orgasmo. Eres un asqueroso domingo. Eres agua y eres fuego. Eres el necesario olvido. Eres un cepillo de dientes viejo. Eres odio. Eres papel mojado. Eres de todas partes. Eres puro placer extasiante en la meta del clímax. Eres la nausea después de un trago de tequila. Eres el peor caso de ninfomanía. Eres teclas. Eres dolor. Eres la imaginación al límite en una masturbación. Eres pérdida. Eres vagabundo. Eres de nadie. Eres magia. Eres insomnio. Eres la primera vez y la dolorosa última. Eres un camión con trastos viejos. Eres el tambor de una lavadora. Eres sábana blanca. Eres depresión. Eres locura y desenfreno. Eres sexo con amor. Eres miles de chicles pegados al asfalto. Eres el número 26, el 7, el 1988, eres el 20 y eres diciembre. Eres pureza y juventud. Eres dulce como el azúcar, y ácida como cierto arte. Eres el mejor francés. Eres cálida saliva. Eres y estás hecha de susurros. Eres el chocolate esperando en la mesita de noche. Eres la visión de un cuadro abstracto. Eres una cascada de sentimientos. Eres pañuelo, en la cabeza o en el bolsillo. Eres unos zapatos de tacón. Eres delirio, y te trasformas en gemidos. Eres piña de postre. Eres dedos vacilantes. Eres media sonrisa. Eres un lunes con lentejas para comer. Eres ilusión. Eres un boca a boca, y de ahí eres oxígeno. Eres un beso con lengua. Eres una costosa subida y a la vez una peligrosa bajada. Eres veneno sin antídoto. Eres caricias y arañazos. Eres resaca. Eres adicción. Eres…

ERES DIAMANTE.

Obsesión.


Siempre preferí el arte de la fotografía para hablar de aquello que verdaderamente sentía, creía que los flashes atravesaban mi piel cual rayos x y contaban historias dementes conmigo de protagonista.

Hoy, hay una fuerza que me empuja y me hace quedarme golpeando teclas hasta altas horas de la madrugada y cuando vomito algún texto sin sentido capaz sólo de entender por ciertas cabezas privilegiadas y creo que estoy saciada, desconecto.

Y me envuelvo en un infierno de mantas para esconderme de mis demonios, y aún ahí abajo dónde el aire es todo menos puro, me atacan, y mis dedos se mueven solos acariciando un teclado que no existe.

Es una obsesión, no poder ya ni hablar si no es con las manos, y verdadera angustia el no saber hasta cuando.

Doña Agonías.

Doña Agonías salía cada mañana con minifalda a robar curasanes, que después desayunaba con un batido de chocolate en el patio de su casa.
Perseguía a los gatos y de vez en cuando cazaba alguno y lo hacía su cena. Los destripaba y los despellejaba ella misma.
Adoraba el amasijo de tripas y sangre. Los corazones los guardaba en un tarrito transparente, para reponer el suyo cuando salía cada noche vestida de muñeca a buscar amores en barras de bar.
Besando el culo de todos los vasos y compartiendo su dolor con cualquiera que le ofreciera compañía y cama caliente, con ración de sexo doble y vomitivo, amanecía sin saber ni siquiera su propio nombre.
Y se dejaba un trocito de vida aparte del carmín en aquellas sábanas...



Podrida como la que más y con más cuento que calleja.

22 nov. 2008

rutina

Desvió la mirada hacia la chimenea. El fuego ondeaba lentamente detrás del ardiente cristal. Las llamas lamían los restos de madera que poco a poco iban convirtiéndose en cenizas. Algo similar estaba ocurriendo en su interior. Cuando consiguió apartar las ideas delirantes que rondaban su mente,fué cerrando los ojos hasta quedar sumida en un profundo sueño.Despertó al amanecer, con la gélida bruma de la mañana, con los huesos doloridos de llevar demasiadas horas acurrucada por el frío.
Se incorporó y se frotó los ojos para ayudar a sus pupilas a acostumbrarse a la luz que entraba por el ventanal.
No se molestó ni en cambiarse de ropa, total, ¿para qué? Se colocó las zapatillas y una sudadera tamaño tienda de campaña encima de la camiseta gris, recogió su pelo en una graciosa coleta y respiró hondo.
Sábado, y aún así, rutina.







(Y es que nadie me entiende, para variar. Ni si quiera cuando les grito con las lágrimas cayéndome a borbotones por los dos lados de la cara. Y tampoco quiero. Mucha agonía y tan fácil de resolver, que conmigo ya se sabe, mientras haya piña de por medio, lo que tú más quieras...)

21 nov. 2008

Particular juego del ángel...

Tenía los ojos más corrientes del mundo, marrón aburrido y algo almendrados , acompañados de unas cejas largas perfectas y millones de pequeñas pestañas pintadas de rimmel. La nariz aquel día, demasiado grande para su gusto, maquillada por los lados para hacerla más fina, hasta unos pómulos que se volvían colorados y prominentes cuando esbozaba sonrisas.
Una boca grande a conjunto con su nariz, y dentro su lengua taladrada. Labios carnosos, bien definidos y con algo de brillo artificial.
El rostro daba paso a su largo cuello con el dulce hoyuelo de su barbilla.
El pelo le caía por los lados en forma de tirabuzones hasta llegar a su pecho.

Pecho que aquella noche se había encargado de preparar por dentro a conciencia, mientras acababa de ponerse el vestido del lazo y sin tirantes. Se subió la cremallera y hundió sus pies en los zapatos negros de tacón.

Se miró al espejo y su mirada no fué como la de antes, en sus ojos se notaba una ligera derrota, pues dentro de la habitación y sola ante su reflejo no hacía falta esconder nada. Entreabrió los labios y por ellos escapo un suspiro con sabor a miedo, segundos después y cuando los demonios se habían ido de sus pulmones, su boca se curvo y apareció la mueca de valor que necesitaba, entonces sus ojos brillaron y supo que estaba lista para salir a ser devorada por el mundo.

El eco de sus zapatos sonaba por las calles vacías, y una larga sombra se proyectaba en el asfalto húmedo. El largo abrigo ondeaba al compás de sus caderas. Hasta que llegó al oscuro restaurante dónde él esperaba fumándose un cigarrillo.

Vestía completamente de negro, parecía que se habían puesto de acuerdo como si sus mentes realmente fueran a la par, traje chaqueta, y un sombrero con el que ocultaba la mitad de su rostro. Una barba perfecta se dejaba entrever que enmarcaba una boca por la que salía un humo gris proveniente de una última calada.

Los pasos de ella se detuvieron como si se fuera arrepentir de aquello que iba a hacer, entonces pidió consejo a sus recuerdos, y sus piernas se pusieron en marcha hacía él empujadas por una fuerza sobrenatural.

Con una simple invitación con la cabeza, paso por delante de él y abrió la puerta del restaurante, notó una mano rodeándola por la cintura y se dejo llevar por la tenue luz y por el vino en copa.

Entonces ella fijó su mirada en el aparatoso anillo de él, la figura de un ángel negro se cernía enroscada a uno de sus dedos que rozaban casi la perfección. Ella se volcó en su interior y se despidió de su alma para siempre.

Y no hizo falta que se dijeran nada, la mirada de los dos lo dijo todo, la de ella de cansancio y la del de desesperación por poseer lo más valioso que tenía la jovencita sentada enfrente mordiéndose los labios.
Con un suave roce supo que había llegado el momento, él se levantó y se le vió acercarse a los labios de ella, lentamente y entonces la besó. La besó como si le fuera la vida en ello. Y el cuerpo de la niña se estremeció al notar el sabor del mal, y aterrorizada advirtió el mayor placer que había sentido nunca.

Cuando abrió los ojos, él ya no estaba allí pero el susurro de sus labios permanecía, al igual que aquel extraño anillo, olvidado dentro de una de las copas. Metió los dedos y se manchó, cogió su abrigo y al levantarse se tambaleó.

Salió de aquella escena de vino y rosas, y echó a correr sin descanso, privada de sentir ni el frío de aquel invierno, ni las gotas empapando su pelo y mucho menos el dolor producido al haber vendido su alma al mismisimo diablo.

20 nov. 2008

Monstruos.

Monstruo era aquello que, contra toda sustancia inyectada cada mañana en unas terribles venas llenas de vida, seguía luchando en esos momentos con uñas y dientes para rasgar mi garganta.
La misma que sin querer no hacía ni 24 horas, se había cerrado completamente para no dejar pasar ni el aire, ni un atisbo de vida, ni un mísero sentimiento.
Y fué entonces, en ese preciso instante, cuando, y durando lo que dura un cruce de miradas, me encontré flotando en esa cápsula, con los ojos y los labios sellados, una piel blanca a la que nunca había rozado el sol, y con un sólo cable conectado en mi pecho alimentándose de mis latidos.
Y por momentos entendí, la mitad, mi mitad, y el resto quedó en el olvido, pues en la siguiente milésima sentí caer, perderme y volver de una sacudida.
Al abrir los ojos, me toqué el pecho esperando encontrar esa delirante conexión, pero para entonces, la vida ya había acelerado otra vez y mi motor rugía impaciente por un cambio de color que le permitiera esconderse bajo las mantas a fabricar, una noche más, ese falso veneno que tanto conseguía inundarme.

consultar con la almohada

Cuánta razón se tiene al decir eso de...ahora, vete a dormir, las cosas mañana por la mañana estarán más claras.
¿O no?

Pues eso.

19 nov. 2008

POISON

Conseguí vomitar sin parar, hasta que ya no quedó nada que me revolviese las tripas (y el cerebro) y me hiciera sentir mal.
Después abrí los ojos y la boca, para dejar entrar la vida, y desintoxicarme por completo.

Hoy uso otro tipo de veneno. Uno que al inyectarse, los ojos se me ponen rojos y el corazón me cabalga sin ton ni son, que me hace caminar y pisar el asfalto con fuerza (asfalto que a las 8 de la mañana me dedico a estudiar mientras mis manos van entumeciendose del frío hasta perder por completo la sensibilidad).
Sensibilidad, más y menos que nunca, cuando la gente pasa a mi lado y me rozan con la piel, con los ojos y con palabras. Atenta. Sin perder detalle de nada.
La felicidad, ahora mismo, y completamente.
Todo gracias a ese veneno, que mis sueños de noche fabrican, para al día siguiente contar con él y que me dé un día más...estas ganas de vivir.


18 nov. 2008

Imbécil.

Siempre es agradable darse cuenta de que nadie es perfecto (vomitivo, cuando crees firmemente que una persona concreta lo es y te das tal ostia contra el suelo al darte cuenta de la realidad que estás una semana con dolor de todo).
Pues bien...
Como siempre, tengo que aguantar (me reitero: veasé "domingo") las teorías de la chusma que me rodea sobre mi carácter y ayer, me reí a carcajadas de lo que me dice siempre una persona en concreto.
Pero bueno...
Para que enfadarse, si es cuestión de paciencia...todo el mundo la caga, por muchas milongas que cuenten (ERROR 1) o por mucho que intenten adornarme la vida y obligarme a sonreír (ERRORES 2 y 3).
NI PUTA IDEA, ¿entiendes?
Pues eso.


Ahora ya no estoy en deuda, gracias, de verdad, porque me he quitado un peso de encima.

16 nov. 2008

domingo


Abro los ojos, me cambio de lado...hoy no miro el reloj, hoy no importa...Estiro del portátil y lo coloco en mis rodillas...el tiempo que quiera, sin salir de la cama.

Hoy, no debería existir. Los días como hoy sólo sirven para vagabundear y darme cuenta una vez más que soy la persona más vaga del universo y que las cosas que debo hacer me sobrepasan, además de que no tengo tiempo para nada.

Los domingos siempre me suelo enfadar con alguien. Hoy es domingo. Es una regla de 3.

A la gente le gusta decidir más veces de las que debería lo que soy y lo que siento, en el día del sol, la opinión sobre mí de los demás me enferma mucho más que otros días.

Los domingos ya son pura mierda aunque lo tengas todo y seas la persona más feliz del mundo, imagina como son para el resto de los mortales.

Mortales, eso.




Si alguna vez me suicido, no cabe la menor duda, seguro que será DOMINGO.

12 nov. 2008

DESPERTARES

Suena el despertador, mi cuerpo descarga unos cuantos milígramos de adrenalina. Entreabro los ojos, extiendo los brazos y lo dejo en off 5 minutos más... Me doy media vuelta a la vez que en mi mente suena "Hoy es un día más", cada día lo mismo, es inevitable.
Me taladra por segunda vez, me hago el animo, enciendo una estufa rota y me miro al espejo:
- Dios, hoy estoy horrible... ¿Hoy sólo? -pienso.
Me vuelvo a la cama, me siento en el borde y me empiezo a vestir lentamente, mi cabeza empieza a inundarse de pensamientos, aquí, allá...esto, lo otro...
Dejo las ideas atadas a los cordones de mis Converse (que necesitan urgentemente un buen fregado) y me dispongo a arrastrarlas todo el santo día.
Aparezco en el baño y a manotazos me mojo la cara con agua fría, lo odio. Por segunda vez me encuentro con mi adormilado rostro y una vez más invoco al "Santísimo":
-Dios, esto ni dos kilos de maquillaje lo curan.
Aún así, no me doy por vencida, colorete, rimmel y algo de brillo, esbozo media sonrisa, pongo morritos y me peleo 10 minutos con los temibles peine y plancha.
Ojeadas rápidas al reloj, tarareando una canción, seguramente la última que escuche anoche. Últimos retoques, recojo la chaqueta y bajo de dos en dos las escaleras. Abro la puerta, y me golpea el aire frío...un nuevo día acaba de empezar.