30 jul. 2010

Tenía que haberlo sabido. Los vestidos de flores ajustados a ras del culo provocan estragos en el metro. El chaleco va marcando la diferencia para no parecer una puta, las zapatillas también. Aunque lo sea. Aún así hoy no miran directamente como siempre, lo hacen de reojo. Hoy cruzas los vagones con las mejillas coloradas y el pelo tirante hacia atrás recogido en un moñito cagado. Apretas los morros y el arito de la nariz ni se inmuta cuando sueltas todo el aire por ella.
Me he clavado un imperdible que llevaba enganchado en la parte derecha bien hondo en la palma de la mano, me he cruzado con los ojos de un guapo que me miraba chorrear la sangre y me ha aguantado la mirada de sufrimiento que llevaba tanto tiempo que me ha puesto cachonda.
Se esforzaba por leer el título del libro que estaba leyendo: Mujeres.

P.d: El calvo de traje oscuro viene a por mí. Se me va a llevar volando un día de estos, fijo que debajo de esa chaqueta tiene unas enormes alas negras escondidas, o un teléfono. Seguro.

29 jul. 2010

choose one of the following options

Cogí mi botella y me fuí al dormitorio. Me quité los calzones y me eché en la cama. Nada estaba en armonía. La gente sólo abrazaba a ciegas lo que se le pusiese delante: comunismo, comida natural, zen, surfing, ballet, hipnotismo, terapia de grupo, orgías, paseos en bicicleta, hierbas, catolicismo, adelgazamiento, viajes, psicodelia, vegetarianismo, la India, pintar, escribir, esculpir, componer, conducir, yoga, copular, apostar, beber, andar por ahí, yogurt helado, Beethoven, Bach, Buda, Cristo, jugo de zanahorias, suicidio, trajes hechos a mano, viajes en jet, Nueva York, y de repente todo ello se evaporaba y se perdía. La gente tenía que encontrar cosas que hacer mientras esperaba la muerte. Supongo que estaba bien poder elegir.

25 jul. 2010

Wake up, Neo.

Cada día estoy más segura de que me vigila y de que sabe cosas de mí. El hombre calvo de piel pálida con su traje completamente negro y de un ancho extraño.
Juraría que hasta su perro color tostado lo sabe.
Quieren algo de mí, y me los cruzo siempre a la misma hora por algo.
Temo que, cualquier día, un día como hoy, o ayer, días en los que me dejo caer por la cuesta de mi casa, porque el cerebro lo tengo tan lleno de mierda que no me dá ni para dar la mínima orden a mis piernas, la pantalla del ordenador se vuelva negra, y al más puro estilo Matrix empiece a comunicarse conmigo con un: DESPIERTA.
Odio como se cruzan nuestras miradas, porque noto como me saca la información a través de ella. Aunque lo peor es, después de haber pasado por su lado, girarme y que el también este girado mirándome.
Es un hombre extraño, solitario, quiero pensar que su atuendo es por su trabajo y que sus ojos son así por pura picardía y no por nada más. Aunque no sonríe.
Parece un robot.
Un robot con una gran frente arrugada e inexpresiva.

24 jul. 2010

Te quiero, Barcelona.

Pasan los años y sin darte cuenta, dejas de darle importancia a las cosas que ayer, para tí, eran un mundo. Las ciudades te curan de obsesiones absurdas, de ese amor apegaloso del que todos hablan. El trabajo te llena tan completamente que te crees víctima del atracón de bienestar más grande de tu vida. Vives feliz aquí, simplemente, porque sabes que aún a cientos de kilómetros tienes a alguien al que le falta tan poco para leerte la mente que antes de que pidas ayuda, ya está fabricandote una sonrisa. Alguien que te espera en el andén con cara de indiferencia. Alguien que después de una llamada desesperada, y porque cumplas esa gilipollez de no llorar, te habla de cojer un tren para estar contigo el día de tu cumpleaños. No es alguien que te envía flores. No hace falta. Es alguien que en un concierto cualquiera, canta un minuto contigo.
Es mejor vivir tranquilo. Con tu mente bullendo mil cosas con mil planes. Despertándose cada día con ganas de algo diferente pero que a la vez, no cambie nada.
Es una corrida, dar gracias, y saber que no te equivocabas al vender ilusiones y promesas de esas de que a todos nos toca alguna vez, y de que los sueños, aunque sean de mierda, al final, siempre se cumplen.

18 jul. 2010

Simple Minds

Igual esto a sido el mayor error de mi vida. No el irme. Eso nunca. Sino volver.
Ayer senti mi cuerpo mas fuera de lugar que nunca, mis ojos rojos ya lo anunciaron debajo de esa cinta de leopardo que ayer deje tirada en la arena. Ojitos rojos de toda la vida, y unas manos borrachas que al destapar la cama a las 7 de la mañana descubrieron que no habia ni siquiera sabanas. Eche de menos, mi colchon de uno en el suelo de esa buhardilla, incluso el hinchable. Me mori de rabia momentaneamente, y desee estar en mi sueño otra vez. Sin gentes que deciden por ti, lo que queda bien o lo que no, que te apretan el brazo, que te hacen daño...mientras yo lo unico que intentaba era seguir por la linea recta con unos zapatos que dan vertigo solo con mirarlos.
Es cierto, nadie me llama, ni hombres, ni mujeres, ni siquiera animales... Me tengo tan creida la originalidad que nadie llega a la altura. Quiza deberia hacer como todos, enamorarme de lo primero que pasa, cerrar los ojos y dejarme llevar... Dejar de sacar defectos y de comparar. Que todos los dias vuelvan a estar cortados por el mismo patron y que el primer y ultimo pensamiento del dia sean lo mismo. Sacar el corazon de la nevera, y ponerlo para cenar, entre dos velas y champagne. Que la tripa se llene de mariposas y de mierdas de esas. Y que no se mueran a la primera de cambio, que duren por lo menos lo que las flores... Te lo merecias, y yo igual te merecia, pero lo siento, me pillas en mi mejor momento.

¿Que me has hecho?

¿Y tu..., que me hiciste?

No me espereis, porque ahora si que ya se seguro que no quiero volver.

14 jul. 2010

Aire.

Y todas las noches la misma historia.
Llegaba a ese edificio de piedra gris, saturado de pensamientos varios, que se declaraban continuamente la guerra entre sus orejas, le impedían pensar por sí mismo mientras arrastraba sus botas sucias escalón, tras escalón, tras escalón...así, hasta sumar 365. El crujido de la madera no pasaba más allá de sus tímpanos, ni que hablar de tocar los nervios que iban del 'tambor' al campo de batalla.
Al final, ahí estaba la puerta de aluminio que separaba el olor de humedad putrefacta, del frío de la madrugada con el rugir del silencio absoluto. Era como un ritual, el ponerse delante de la manivela, apoyado sobre los dos pies, que luchaban por aferrarse al suelo. Entonces era cuando sus manos enguantadas, la rozaban y suavemente se abría, y recibía un golpe de aire que le hacía estremecerse.
El pelo le ondeaba largo, el poco que se escapaba de dentro de la capucha negra y como dos flechas lo empujaban hacia delante con fuerza sobrehumana. A los 26 pasos, las puntas se enredaban con la barandilla, inspiraba exageradamente dejando que sus pulmones se llenaran de oxígeno. Le gustaba el sonido del tacón de sus botas al golpear el metal cuando saltaba para que su cuerpo quedara sujeto al mundo sólo con dos manos, ese ‘clin-clin-clin…’.
Entonces, miraba al frente, con sus ojos gatunos y los arrugaba un poco, sonreía enseñando los dientes, y se soltaba, no saltaba, se dejaba caer, fluía, se mezclaba con el aire, disfrutaba del miedo que tenía de que la vida no le diera esa noche otra oportunidad, se le secaba la boca, cuantos menos metros le quedaban para llegar al asfalto, su estado de plenitud iba alcanzando el máximo. Y cuando, por fin, se estrellaba, cuando explotaba su cráneo, y sus ideas se esparcían como una gran colonia de insectos, cuando sus huesos parecían cristal de bohemia y se deshacían en mil pedazos, cuando aparecía ese charco de sangre, justo en ese momento, era feliz, sabía que no había ‘persona’ en el mundo más feliz que él, y lo era tanto que le daba igual hasta su miserable e insignificante vida. Se daba cuenta en el preciso instante que veía que no necesitaba nada más, ni siquiera un día más para hacer algo que tenía pendiente, su existencia estaba llena, completamente.

10 jul. 2010

Planta cuarta.

Estoy mirando por la ventana. Desde la calle, hasta los borrachos me pueden ver en ropa interior, como cuando me ducho y los vecinos me ven desnuda, es como si estuviera esperando, que llame al timbre, abrir la puerta con una sonrisa y follar de repente.
Me he tirado al suelo, no está frío. Me retuerzo, como si me mirara. Él no, creo que el amor no me interesa esta noche.
Una moto acaba de arrancar provocando un ruido ensordecedor. Alguien en la casa de enfrente esta viendo la tele. Me toco el pelo a la vez que hago pompas con el chicle de menta. En la nevera todavía queda cerveza. Mi cabeza se derrite.
Es como el problema que tiene el fregadero, si se llena demasiado de agua, se desborda, pero de una manera muy especial, no por arriba, no rebosa...va soltando lo que le sobra por debajo, lentamente, haciendo una carretera de agua en el parqué, de la que solo te das cuenta cuando vas descalza y sin querer, la pisas.
Un vestido largo paseaba hoy por las calles de Barcelona. Un sentimiento de buena fé moría a la vez. Que tú seas buena persona, no significa que los demás también lo sean. No es causa-efecto, por desgracia.
Ya lo dice el séptimo mandamiento, clara y sentenciosamente.

8 jul. 2010

Alzheimer.

¿Que pasaría si un día, sin más ni más, empezaras a olvidarlo todo? Al principio pocas cosas, o cosas tontas, al final...hasta tu propio nombre. ¿Con qué cara mirarias a las personas que se sientan a tu lado, te tocan y te hablan con toda la confianza del mundo si nisiquiera 'los conoces'? ¿Cuánto asco te daría un beso en la boca de alguien a quien es la primera vez que te cruzas?
Hoy, he visto la mirada más perdida que pueda existir, los ojos verdes más transparentes del mundo, unos ojos sin nada absolutamente detrás y que aún así, brillaban de una manera inimaginable y me sonreían.
Un día, sin más ni más, tus neuronas deciden que ya han vivido suficiente y que no las necesitas para nada. Desaparecen. Se esfuman, como tantas otras cosas de esta vida, sin avisar, y tú te quedas ahí, incapaz de detenerlas...

Vidas anónimas.


Y un día te paras a mirarte en un reflejo, en un vagón de tren, en una ciudad desconocida, rodeada de gente de mil colores distintos y tan sola.
Tenía las mejillas rojas y brillantes, el pecho se hinchaba al compás de las respiraciones apretando las tetas contra la tela del vestido de flores que parecía que no iba a aguantar. Se abanicaba con arte con una revista de ciencias y miraba a los demás intentando ocultar la incertidumbre de aquel que no sabe ni a dónde va ni porqué coño está dónde está. A pesar de todo, tendríais que verla caminar, vosotros, y también tú. Se despierta todos, absolutamente todos los días con ganas de comerse el mundo, y se mete en la cama igual, nada la acojona, nada la hace llorar. Ni siquiera el echarte de menos en la cama, un día puntual, en otros brazos, después de tanto tiempo. Ni siquiera el verse sola desbordada de trabajo, con decenas de movidas a su cargo. No canta, pero vive con una sonrisa constante en su cabeza. Esto es su sueño, lo que perseguía y lo que, de verdad, necesitaba.

P.D: Felicidades, de parte de la chica del metro.