30 sept. 2010

Escape.

Fue tan absurdo el no tener ganas de hacer nada. Sentir a los demás tan lejos, y ya no como prolongaciones de cientos de kilómetros desde tus dedos como al principio, sino lejos, de verdad, como en otra vida. Tan imposible volver a lo que era antes, a implicarse en una risa, necesitar un abrazo o mojarte con un beso.
Que el mundo pase con sus noticias sin rozarte, y la gente se asuste por tu mirada de furia al pasear por el andén, desear que alguien te moleste para saltar y morderles el cuello, tirarlos al suelo y arrancarles la piel y que te salpique su sangre, notar sus arterias encajadas entre tus colmillos, y tú sin dejar de estirar de ese sabor de hierro. Que te utilicen sin que te importe, temblar de rabia, amenazar.
No importa nada, porque nada te basta y nada te llena ni aunque sea el más mínimo hueco de tu alma.
Ojalá fuera tristeza.
¿Que es lo que pasa cuando no quieres seguir con ello?
Tenemos miedo del mañana, por si cambiamos, por si llegamos a ser personas normales y entonces echamos de menos el no haber labrado el camino.
¿Quién te está obligando?
Tus sueños ya no son lugares, ni hechos ni personas, ni galones.
Huir.
Me pareció oír hace unos meses una voz diciéndome que esa no era la solución.
Si lo que te persigue eres tú mismo y cada vez estás más y más podrido.


"beats, day & night, for something that I've left..."

28 sept. 2010

Test.

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Marea.

25 sept. 2010

De guardia.

Realmente ninguno de nosotros sabemos a ciencia cierta dónde está nuestro límite. Ni cómo vamos a reaccionar al llegar a él.

A consecuencia de la sobrecarga de información y responsabilidad que se me escupió al llamar al 3936 con toda mi buena fé y ser enviada con el culo al aire a Urgencias como enfermera titular, descubrí lo que pasa si me fuerzas la máquina.
Es horrible, horrible, estar parada frente a paredes llenas de cajoncitos con ampollas tintineantes intentando rebuscar en una mente podrida y alcohólica, cuál era el nombre genérico de ese medicamento que el maldito cabrón del médico ha decidido hoy llamar de otra manera, mientras un paciente se ahoga. Te repites, párate, tranquila, tienes un minuto, otra vez desde arriba, de izquierda a derecha, a ver, dónde, ¿esto no estaba por orden alfabético? Rozando con los dedos los letreros, de uno a otro del otro al uno. Por fín, y luego correr, parece que eres la única que tiene prisa por los enfermos, los de todos los demás pueden esperar a después de la merienda.
Malditas gasometrías arteriales, notas el pulso bajo tus dedos, 'notas', porque la bradicardia que tiene es brutal, un pulso lento, débil, que parece que vaya a ceder de un momento a otro, te entra calor, unos guantes que parecen de lana, un hombre rígido cómo una tabla, que te mira desquiciado o con pena, yo que sé, que no sabe ni dónde está, ni tú tampoco por ser la primera vez práctica y con una teoría que ni recuerdas, temblando le dices: Esto duele, pero terminaremos enseguida. Enseguida... Pinchas, en 45º, justos, ni más ni menos, para llegar justo en medio de tus dos dedos, y de repente, la sangre sale sola, sube como puede por la jeringa con la fuerza que le queda de cada pulsación. Bien, estás en arteria.
Somos frágiles, un día en ayuno y toda una tarde dando vueltas en la cama aullando de un dolor que ni siquiera sabes localizar, puede ser suficiente como para que tus piernas no aguanten. No aguanten y te me caigas en los brazos medio muerta, para que no me contestes y para que yo me quede helada y tenga miedo, los ojos en blanco... La tensión casi hay que recogerla del suelo, corre, otra vez...
Metamizol. ¿Metamizol? El metamizol hipotensa, la dejaría seca, ¿lo has pensado jodido residente de mierda? Menos mal que algo parece que si que sé.
Sueros a chorro.
Los hemos, primero el bote rosa y después el azul, recuerda el truco de 'las señoritas primero', mierda, juraría que estaba aquí, era una vena de mierda pero estaba aquí, la boca se me queda seca detrás de la mascarilla. Socorro.
No toques nada esto es estéril.
Un, dos, tres, cuatro, cinco, seis, otra vez...ahora, coge aire fuerte, cuenta hasta 10, ahora expúlsalo.
¿Es usted diabético? ¿Porqué nadie me lo ha dicho?
Señora, usted sólo se tiene que tomar las pastillas que yo le dé, no las que le dé la gana.
Mírame, mírame a los ojos, tranquila, respira por la nariz y échalo por la boca, ¿no me harás la faena de tener un ataque de ansiedad aquí, verdad guapa? Venga, otra vez...

Putas guardias, las odio, odio aprender dándome de ostias, rozar esos límites de los que hablamos, quedarme sentada en el suelo del vestuario con los ojos fijos en la puerta, incapaz de moverme, bloqueada totalmente. Me da rabia, porque sé que algún día esto lo haré con los ojos cerrados, pero hoy son sensaciones horrorosas y las odio con todas mis fuerzas, aunque a la vez creo firmemente que no podría ser feliz haciendo otra cosa más que ésta...

22 sept. 2010

Subí al piso de arriba, y dejé caer los pies un rato. Hasta que se me empezaron a dormir los dedos, miraba al frente, luego abajo, y luego arriba. Buscándome. Metal, lámparas grises que bailaban con la simple brisa que entraba por la ventana. Frío. Acaricié con la palma la moqueta y apoyé la cabeza en la columna helada. Pensar, o al menos intentarlo. No me nace tío, el darle vueltas, a nada. Me aburre después de tantos años haciéndolo, después de analizar cada parte de mi vida. Me cago, porque preferiría una derrota a esto, la oscura sensación de que te están destruyendo y te la suda, te rasgan la piel y no te escuece, el dormirte sin dar vueltas. Estoy acojonada tío, es cierto, ya lo dije. Creo que hasta estoy perdiendo color, calor, y la expresión. Se funden baterías, y la máscara se cae a los pies con tal estruendo que todos se giran para mirar. Un ceño fruncido que acompaña a todas partes. ¿Qué más dá? Aquí, que allá. Dicen que es normal,...que sin corazón sólo somos máquinas.

21 sept. 2010

El tambor del trueno en la tormenta.
No hayan caminos, donde deban haber selvas...
Vida silvestre que deslumbre en los barrancos.
Jarabe de rosas de aromáticas lenguas.
Clavellinas, febrero y sus promesas.
El cortejo de las fieras, verdes mariposas como hojas de enredadera...
Solos, ante campos dormidos,
fuimos, somos y el olvido.

20 sept. 2010

'...No quiero tener que decirle que podemos hacer el amor más tarde; más tarde te la puedo chupar; tú me lo puedes comer, masturbarme, explorarme del modo que quieras, pero, por favor, quitémonos esto de encima, fóllame ahora mismo, en este preciso instante, porque me estoy abrasando. Pero él se limita a mirarme a los ojos y a asentir, joder, el tío me hace un gesto de asentimiento, como si adivinara todo lo que estoy pensando. Ahora está encima y dentro de mí, llenándome, prolongándome, empujando hasta llegar a mi mismo centro. Jadeo, me ajusto, y él se pone más duro, pero me doy la vuelta y nos convertimos en una masa que se retuerce, se dobla, y se agita, y no sé quién la ralentiza pero volvemos a saborearlo, y después la velocidad de nuestro amor se infla como una fuerza autónoma y nos aporreamos el uno contra el otro en una puta guerra de uno contra uno, que parece de todos contra todos. Durante un segundo siento como si hubiera derrotado a ambos, a él y a mí; y quiero más, más de lo que él podría dar jamás, más de lo que nadie podría dar jamás. Entonces la fuerza se acumula como algo que se hubiese desencadenado en mi interior y huyese antes de agarrarme y arrastrarme consigo. Llego al orgasmo en explosiones sucesivas y furiosas, y sólo al remitir este me doy cuenta de que he estado chillando con fuerza y pienso...'

18 sept. 2010

Sed.

El cielo daba asco, de hecho todavía si se asoma a la ventana y mira hacia arriba le provoca arcadas. La sonrisa que cada día suele adivinarse cuando camina calle abajo estaba en huelga. De suplente, una expresión tan cruda que atraía miradas, notaba como le palpitaban las ojeras, y como se acentuaban al máximo sus pómulos. Los ojos llenos de furia sin explicación ninguna, el aire, después de llenarle los pulmones, salía con fuerza por su nariz agujereada. Intentaba caminar firme, pero sus pies se hundían como si la lluvia caída durante la noche hubiera desecho el asfalto. Notaba la garganta aprisionada por unas garras invisibles. Conocía cada arruga, cerraba los ojos, y era capaz de reproducir mentalmente el color de esa piel, las huellas, y la temperatura exacta de esos dedos asesinos. La estaban ahogando y le daba igual. No lo miraba llena de pánico y de amor como otras veces. Se quedaba sin aire a cada paso que daba y lo dejaba pasar.
El mundo hoy estaba más que callado, sentía que todos se habían quedado en 'Pause' y sólo ella caminaba, fija, programada cual robot. Y cruzando la calle se ha dado cuenta de que está vacía de verdad, y que nadie, ni siquiera él, es capaz de salvarla ya. Después de tanto jugar con ello y repetirlo en voz alta.
Y en ese preciso instante a empezado a odiar la ciudad, a sí misma y también existir.
Se ha sentido extraña, fuera de lugar, asustada, se ha buscado las cicatrices con la necesidad de recordar algo, bueno o malo. De encontrarse. Pero es difícil cuando no reconoces ni tu propio cuerpo, ni mucho menos sus dibujos. Escalofríos. No es tan divertido cómo parecía. Le han entrado ganas de echar a correr, pero no le respondían las piernas. Quería llorar, pero no se acordaba. Tiene que irse, otra vez, todo a su alrededor se quema.

14 sept. 2010

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11 sept. 2010

SOULS.
(1st chapter)

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9 sept. 2010

Morir solos.

La gente me aburre hoy, más que ningún otro día. Ya hay casi que escapar de esas conversaciones banales escupidas sin control por cerebros insustanciales. De las bocas sin correa, y sus ojos vacíos incapaces de posarse y reflexionar sobre algo más de dos segundos. De la palabrería hinchando globos de mierda que crecen y crecen y de la lástima de que nunca llegan a explotarles en la cara. Se cuela su tontería por las rendijas de mis ventanas, y apesta.
Dos clases de personas.
Somos como alfileres en un pajar de ignorancia. Invisibles. Superfluos. Diferentes. Máquinas pensantes. Egocéntricos bicharracos que los otros se mueren por aplastar. Que les zumban en los oídos, que apartan a manotazos.
Molestamos.
Hoy es uno de esos días en los que estás más solo que nunca, y que además, das gracias por ello.

5 sept. 2010

Prefiero el trapecio.

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Somos gente ficticia, náufragos urbanos, perdidos, renegados, inadaptados, olvidados; gente ficticia, gente fetén. Si el mundo fuese de cartulina...para verlas venir en movimiento.

3 sept. 2010

"...tener cercenada una nalga,..."

Abrí los ojos de repente. La cama me asfixiaba, el colchón sucio, el azul desgastado, el techo más cerca que nunca, notaba casi el frío metal de las vigas rozándome el pecho. Me ahogaban. Me arrastraba escaleras abajo, jugaba con ella y contaba las botellas de Tequila en la estantería, calculaba los litros que quedarían y si serían suficientes. La espalda y la puerta del baño. Y me estiro, te miro. Correr. Huir. Siempre te acaba encontrando esa sensación gélida de vacío, cómo cuando has perdido demasiada pasta en las apuestas y vuelves solo, pensando, comiendote el tarro al volante. Ni aquí, ni allá. ¿Cuántos kilómetros más hacen falta? ¿Con qué hay que romper ahora? Después del todo, la nada. Almas atormentadas y borrachas de por vida. Deshacerlo todo a cada paso, destruirse. Creo que necesito otra copa.

2 sept. 2010

Asfalto.

Unos dedos que resbalan por el parquet, que lo acarician con el frío de la mañana, se miran al espejo, se tocan debajo de los ojos, que pasean, que corretean calle abajo, que se llenan de sangre, que tiemblan aturdidos, que se asfixian con el vinilo transparente, que titubean, que se cansan y amoratan, se rascan por debajo del blanco, que le rozan, dedos que sonríen, sin huella, sin calor, que se manchan de queso y miel y se relamen con ansia, se suicidan, ambición, dulce y salado.
La mano que cae del sofá, que se alarga para llegar al mando que la baja de temperatura, que la baja, bajo, más abajo.
La televisión ha dejado de funcionar.

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