29 ene. 2011

Te odio.
Te odio con tanta fuerza que golpearía las paredes con los puños hasta que me sangraran y mis huesos fueran únicamente, polvo. Te odio tanto, que este se me arremolina en la garganta y me impide respirar. Te odio y mi corazón seco te odia a la par y te grita en forma de taquicardia. De lo único que tengo ganas es de arañarte y arrancarte la piel de la cara con mis propias manos. Y luego escupirte. Te odio tanto que no quiero volver a verte nunca más y por esta razón llevo planeando desde hace tiempo como deshacerme de ti aunque eso suponga arruinar mi vida, por eso vuelvo, te veo y te hago carantoñas. Porque me persigues hasta en sueños y en ellos ya he dejado abierto el gas. Porque no eres capaz de dejarme vivir en paz. Porque crees que por estar lejos de casa, lo he olvidado todo. Porque cada vez que te veo, la mala suerte comienza a morderme los talones. Porque mi lengua tiene cada vez más veneno, y temo, mordérmela sin querer algún día y acabar intoxicada yo misma como me ha pasado ya alguna vez. Porque he vivido dos vidas, la tuya conmigo y la de los demás. Te odio porque no vales nada, y eso lo pagas con los demás. Porque no eres ni nunca serás feliz y odias las sonrisas verdaderas en los demás tanto, que rápidamente tienes que aplastarlas. Porque tú si que dependes de algo para respirar y eso me da ganas de vomitar. Porque soy tu fallo, y lo que hizo que lo dejaras todo. Te odio, porque tengo que mirarte a los ojos y sonreírte de la mejor manera posible y es mentira. Te odio, porque soy lo que soy por tu culpa. Te odio, porque por tu culpa nada es lo mismo, fruto de años de tortura. Porque dejo que me acaricies la cara, porque tengo que poner los ojos brillantes cuando me lloras como si realmente me importara. No siento nada, nada absolutamente por ti, bueno la verdad es que si. Te odio, porque eres tan egocéntrico y te crees cada mentira a pies juntillas, que nunca leerás esto. Porque te vale mi contestación, y te conformas y sigues viviendo a tu manera. Te odio, porque no parece que te odie. Porque nadie te va a querer nunca y no lo hago, porque aún te haría el favor de tu vida.

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Para Bukowski, el Asqueroso

Te llamo Asqueroso porque
me pareces repugnante
no te enfades, porque, me gusta lo
marrano que eres: me pone cachonda leer
sobre el asunto; cuando atisbas debajo de las faldas de las señoras
o cuando te imagino en los ascensores u olisqueando cajones…
para ponerte a tono;
en fin sé que estás preguntándote quién
te escribe esto. bueno, te diré
quién soy, listo y claro
para que no haya error
y puedas localizarme. soy el coño
suave y limpio en que piensas
cuando te jodes esos chochos arrugados
y chorreantes, soy la señora que se sienta
delante de ti en las película
de toda la noche, y te ve dale que dale
en el bolsillo del pantalón, y lentamente
me subo la falda, esperando que me mires los muslos
cuando tú… te levantas para ir a lavarte las manos,
yo lo llamo sexo a larga distancia, pero me encanta,
me encanta sentir tu aliento pesado
en la nuca cuando intentas meterme
los dedos en el culo por la ranura
del asiento; ahora estás pensando (suena bonito
aunque no te recuerde). pero de ahora en adelante
pensarás en mí y en definitiva…
eso es lo que yo quería en realidad. mi sucio
amigo…

sin firma

24 ene. 2011

Hola, soy yo, Courtney, y te echo de menos desde el día que decidí matarte.

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¿Quien canta para ti, desde que no estoy?
¿Con quien bebes tequila, cuando no te sientes bien?
¿Quien te dice al oído, quédate?
¿Con quien compartes ese calendario, de la pared?
¿Quien te espera al salir, cuando dan las diez?
¿Quien se ríe contigo, delante de un café?
¿Con quien escucharas esa canción?
¿Quien es el encargado de amueblarte, el corazón?
¿Quien te enseña París, Venecia, nueva york?
¿Quien te arranca la ropa, dentro de ese ascensor?
¿Con quien subes la cuesta, de cada fin de mes?
¿Quien hace lo que hice yo, pero al revés?
¿Quien tiembla cuando lloras?
¿Quien te recuerda, que no estas sola?
¿Quien es tu nuevo vicio?
¿Quien te a salvado, de mis precipicios?

(Si te llega al infierno, manda una señal)

23 ene. 2011

Dime quién soy.

La vida no está hecha para los demás, sino para uno mismo, para ser lo que realmente queremos ser. Y el mejor consejo que se le puede dar a alguien, es, tener paciencia y confiar en los sueños que no se cumplen de un día a otro. Las mejores palabras de aliento, si ya lo has conseguido una vez, ¿porque no vas a ser capaz de hacerlo otra? ¿y otra? ¿y otra más? Las ansias de comerse el mundo nunca serán, para nada, algo malo. Espera el momento justo. Y entonces, actúa.

"Se marchó sin que nos dijéramos adiós, aunque ambos sabíamos que se iba para siempre.
La vi salir del portal y acercarse al Muro. Se unió a los miles de berlineses que estaban derribándolo y con sus propias manos empezó a arrancar pedazos de hormigón y de ladrillo. Al fin los manifestantes habían hecho un gran agujero, y buena parte del muro estaba derruido. Observé como saltaba entre los cascotes y caminaba erguida hacia el otro lado de Berlín donde otros berlineses gritaban y cantaban de alegría. No se volvió, aunque estoy convencido que sabía que yo la estaría mirando. No me moví de allí hasta que la ví perderse entre la gente."

21 ene. 2011

Días malos.

(Consejo de autor: Darle al play, y leer con música.)


Me gustan los árboles de Hércules, pero no me gusta la savia que se me queda pegada en los dedos. Me gusta viajar, pero odio hacer y deshacer maletas. Me gusta el helado de chocolate, negro, porque detesto el blanco. Me gusta como huele mi casa, porque huele a mí y solo a mí. Me gustan los besos que me remueven las tripas, pero que no sean demasiado largos. Me gusta que me sonrían, sólo si el que me sonríe no enseña los dientes. Me gusta beber ginebra, de marca, la otra me da dolor de cabeza. Me gusta lavarme los dientes con el cepillo eléctrico. Me gusta chupar los hielos. Me gusta recorrer con la punta de la lengua otra punta de lengua. Me gusta que me cojan de la mano en un acto reflejo. Me gusta cerrar los ojos cuando camino cara al sol y odio abrirlos en la oscuridad. Me gusta encontrar las llaves a la primera. Me gusta quedarme a charlar en la mesa después de cenar. Me gusta que me den las gracias, pero no que me las den porque si o porque es de buena educación. Me gusta ver como mi madre se maquilla. Me gusta ver el brillo de alguien en sus ojos, aunque sea ciego. Me gusta que una persona ciega sea capaz de entrar a patadas dentro de mí y me haga llorar. Me gusta acariciar la espalda de mis pacientes porque sé que les tranquiliza, me gusta hacerles bromas con las que siempre acierto. Me gusta que la gente se tape los ojos cuando les estoy pinchando como si fueran niños. Me gustan los niños. Me gusta cantar la canción de Bob Esponja mientras me estoy peinando. Me gusta cuando Bob Esponja al final de la canción toca la flauta con su nariz, me gusta mi nariz y estoy segura que podría tocar la flauta con ella. Me gusta tener a Mara, y que vista, hable y actúe como yo. Me gusta que mi madre decidiera que fuéramos dos. Me gusta que a veces no quepamos en la mesa para comer, y me gusta saber que no caben aunque yo esté lejos. Me gusta cuando vienen todos a casa y tenemos que sentarnos en el suelo porque no tengo suficientes sillas para todos. Me gusta fumar solo si es en buena compañía. Me gusta saber que el mejor pan del mundo lo hace mi padre. Me gusta viajar en tren, pero no que el de al lado sea un soso que no ha vivido. Me gusta el KFC, pero solo el de paralelo, el de Valencia no me sabe igual. Me gusta nuestro olor de pólvora. Me gusta hablar fuerte y que todos me oigan. Me gusta escuchar música lo más alto posible. Me gusta pensar que algún día todo será diferente. Me gusta que todos y cada uno de vosotros hayáis pasado a formar parte de mi vida. Me gusta que Encías Sangrantes me profese un saludo histérico cada vez que voy a comprarle conos. Me encantan los conos y me como una media de 3 bolsas a la semana. Me gusta comer lo que me da la gana, pero odio llegar a casa todos los días y no tener la cena hecha. Me gusta haber nacido el día que nací. Me gusta tener un alma gemela, aunque odio que no nos hablemos. Me gusta el haberte conocido y haber sido tu princesa, y odio que todo haya terminado tan bien que lo hace perfecto del todo. Me gusta ser el centro de atención. Me gusta hacer reír a todos. Me gusta Eva y me gusta la manera que tiene de comerse la leche con galletas. Me gusta la coca-cola y las canciones de rock español. Me gusta David Bowie en Dentro del laberinto y me gusta tener esa película en DVD original. Me gusta leer antes de dormir y tener que dejar el libro porque si no amanecería entre las hojas. Me gusta conocer gente interesante que tiene cosas que enseñarme. Me gusta aprender cosas que no sé. Me gusta haber llegado a esta ciudad y pasear ramblas abajo con La Valse D'Ameliè aunque no me gusta la película porque odio las utopías. Me gusta tener los pies en el suelo. Me gusta soñar por las noches y luego no acordarme pero sentirme bien al despertar. Me gusta dormir en compañía y más en forma de 44. Me gusta la gente con tatuajes. Me gusta pintarme los labios de color rojo pero odio que se quede la marca en el vaso cuando bebo. Me gusta que la gente me diga que mi colonia huele bien, y que me recuerden por ella. Me gusta dar gracias por haberme cruzado contigo, odio que tu las des hoy si, mañana no. Odio la gente que dice 'para siempre'. Me gusta morderme las uñas porque me calma. Me gusta tener la televisión de fondo para no sentirme sola. Me gusta que alguien llame a mi puerta cuando no lo espero, pero odio que haya alguien esperando en mi portal cuando lo único que quiero es dormir. Me gusta bajar del andén y ver que hay alguien esperando. Me gusta que me den consejos, pero aborrezco que me digan lo que tengo que hacer. Odio que me digan lo que soy. Me gusta tener el mejor primo que alguien pueda tener, el de verdad, y el de mentira. Me gusta llevar a Vicent a natación porque me exhibe como si fuera un premio, y yo a él también. Me gusta que tenga celos de mi otro primo pequeño. Me gusta saber que nunca seré lo que tú quieres que sea, y eso me hace sonreír, por lo tanto, me gusta al cuadrado. Me gustan muy pocas películas. Me gusta más dar abrazos que besos. Me gusta la fotografía. Me gusta cocinar, únicamente si es para alguien. Me gusta conseguir todo aquello que me propongo. Me gustan los plátanos. Me gusta comer espaguetis los días de resaca. Me gustan los días de resaca en compañía. Me gusta Amsterdam. Me gusta haber cambiado. Me gusta hacer regalos, y odio que me regalen algo que me deje sin palabras, porque no me sale el agradecimiento. Me gustan los sofás amarillos. Me gusta salir de fiesta con zapatillas. Me gusta haber conocido a mis cuatro abuelos para compararlos entre sí y darme cuenta de que tengo un tesoro. Me gusta más bajar escaleras que subirlas. Me gusta el sexo, solo si luego voy a poder reírme un rato con la otra persona. Me gusta ser de ayuda para los demás, pero odio que me utilicen. Me gusta que sea ella la que me llame para ver como estoy. Me gustan los coches negros, aunque siempre he querido que me recoja uno rojo. Me gusta no pensar demasiado. Me gusta pasarme de parada por estar empanada y luego ir por el andén riéndome sola. Me gusta que un día empiece mal pero que termine haciéndome flipar. Me gusta comer donuts en la moto. Me gusta ser capaz de echar de menos a tanta gente, y también el haber sido capaz de apartar a tanta otra. Me gusta la playa en invierno más que en verano. Me gustan los días como hoy, en los que me fuerzo a escribir unas cuantas cosas buenas para olvidar todas las malas. Son suficientes las razones para creer, ¿no?


18 ene. 2011

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"Al perder la esperanza, hallé la libertad."

Corazón caliente.

Pocas veces estuvo tan vulnerable, con los pies juntos al borde de la rotonda, esperando el modo de volver a casa.
Se iba hundiendo poco a poco en sus zapatillas y escondía los labios en la enorme bufanda.
Tiene la cabeza llena de pájaros y su mayor tortura es no saber reírse toda ella entera.
Será que no es feliz y cuanto más ansias serlo más difícil y cuesta arriba se hace. Y cuando lo piensa, un riachuelo de lágrimas arrasa sus ojos y amenaza con desbordarse. Entonces le brillan de una manera inimaginable.
Y es tan estúpido…y lo que quiere es tan absurdo y tan fácil que es indescriptible…que deja de quererlo al minuto siguiente, para morirse de celos luego. Será que quiere magia. Y la magia no existe. Por decir algo, yo que sé, por ponerle nombre.
"Voilà, ma petite Amélie, vous n'avez pas des os en verre. Vous pouvez vous cogner à la vie. Si vous laissez passer cette chance, alors avec le temps, c'est votre cœur qui va devenir aussi sec et cassant que mon squelette. Alors, allez-y, nom d'un chien!"


17 ene. 2011

J.

No lo voy a negar, me encantaba relamerme mirando a los hombres. Imaginarme practicando sexo con ellos allá dónde se encontraran y me guiñaran un ojo al compás de un: Ciao Bella! Muy típico de Italia, pero que a pesar del tiempo que llevaba allí, no lograba acostumbrarme y no podía impedir mojarme, cerrar los ojos y verme sudando encima de la barra de un camarero encantador o arañando la tapicería del coche de un Carabinieri moreno.

Aunque tenía novio, se llamaba Pierre, un francés, de ojos azules con enormes pupilas y aspecto aniñado.

Una noche, Pierre murió aplastado por unos ojos pequeños y marrones vulgares. Y mis ansias de sexo barato, también.

Y es que no sabía, que hay sonrisas y sonrisas, sonrisas que te atraviesan y aunque duren una milésima de segundo, las recuerdas toda la vida, y te pasarás toda ella buscándola otra vez para que te vuele la cabeza al igual que un disparo. Simplemente porque necesitas otro en la otra sien para no quedarte cojo, borracho y loco de por vida.

Es injusto. E irreal. Porque a veces no sabemos cierto ni el nombre del dueño de esa sonrisa.

Hay besos en la mejilla que nada tienen que ver con uno en la boca. Y hay abrazos que están tan fuera de lugar que no deberían terminar nunca.

Lo mejor que alguien puede susurrar al oído es un: Encuentramé, por favor.

A Pierre no le debió de sentar demasiado bien, pues me maldijo en francés, me dio un beso de Judas y se marchó.


12 ene. 2011

Bailando hasta el apagón.
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Perdóname.

11 ene. 2011

Lift me up, let me go.

Estás aquí, con todos acercandote sus manos para poder tocarte. Y tú, fugaz, te escapas de ellas como si fueras el humo del cigarro que está a punto de morir. Caminas en la noche, miras al suelo y al cielo, tus ojos se entornan para fijar mejor las imágenes en la oscuridad. Te arrastras por las escaleras, y acabas estrellándote en una cama que no es la tuya. Le das la espalda al mundo y buscas caras en el gotelé de la pared. Cuando encuentras una, la acaricias con los dedos y intentas memorizarla, aunque no dura más que el ir y venir de una mirada y cuando vuelves ya se ha marchado. Con sus ojos intensos, y su sonrisa enorme. Finalmente, el sueño te atrapa con sus garras y caes en una espiral de sueños y pesadillas que, para bien o para mal, nunca se harán realidad. Hasta que decides sin darte cuenta, abrir los ojos de nuevo, otra vez, otro día más, mezclando la apatía que te embarga con la poca saliva que queda en tu boca pastosa. Son copias unos de otros. Devoras energías, personas, países, neuronas. Te torturas porque nada es como querrías que fuera, o porque lo es tanto, que ya no tiene gracia. Ha perdido la gracia. La vida se mide por rachas. Rachas buenas, rachas malas y rachas vacías. Carreteras y pensamientos, fuera de la velocidad permitida. Todo está prohibido. Todo tiene un límite, y vas saltando por encima de él como si hoy fuera un día de fiesta. Con el pelo largo al viento, con los ojos negros como el carbón, sin ilusión, cansados, solo quieren dormir y despertar en otro lugar, en una ciudad de la que nadie sepa su nombre y sin medios para volver a sus orígenes. Ser vapor de agua, y quedarse en ello. Dejarse de ciclos y de mierdas. De amenazas, de caricias frías y sin nada detrás de la piel. Abandonarse a la suerte de verdad, y no en un juego como ahora.


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7 ene. 2011

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...BUM!

5 ene. 2011

Reina.

Mis ojos brillantes rebotan en el doble cristal del tren. Afuera, oscuridad.
Una vez más queda demostrado.
Tenía sueño. Después de haber dormido, me la suda.
Los regalos, igual que el cariño con el que os los he comprado, podéis meteroslos por el culo.

Feliz noche de reyes, os deseo desde mi borrachera incipiente.

4 ene. 2011

Autobiografía.

Descose telarañas goteando cuando llega la alboreda,
y los pone a secar en la maleza de sus ojos que al tronar,
le juran por los olivares que les dieron de amamantar,
que van a dejar sin cabeza cada madrugar.

Le rondan las pirañas y se apaña azuzando la mirada,
para alejarlas con las garrapatas que la quieren devorar…
Y ser la neblina del bosque que mira y no deja mirar,
penacho de invierno sediento de mi lagrimal.

De leña seca su ropaje, petenera su lamento…
En carne viva el carruaje que la lleva a sus adentros.
La sonrisa despeinada de ir en contra de los vientos.

Empalma hasta a los juncos que eran firmes antes de ser destronados,
y nunca se ha corrido con el ruido del gentío y su existir…
Comadre de las musarañas, como en la canción del Martín,
que encuentro sentido al seguido del punto del fin.