19 jul. 2011

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Hoy es un día triste para la humanidad.

13 jul. 2011

Pues no, la verdad es que no.

Ahora mismo pagaría muchísimo dinero por que Eva estuviera aquí a mi lado en la oscuridad hablándome de lo mucho que echa de menos a su familia, y a sus perros. Necesito escucharla, que me cuente sus cosas, que me diga que está agobiada y que no sabe si lo que ha hecho es lo correcto. La necesito a ella. Y a mi rubia. Mi rubia que está tan triste y le duele tanto todo. Le contaría que a mi, no se porqué, después de tanto tiempo, esta noche también me duele un poco. Me gustaría que saliera con su pijama gris de Bob Esponja con el cepillo de dientes en la mano, quitándole importancia a todo. O ver a Eva auparse a por mis chanclas vestida con dibujos de Minnie Mouse. Me apetece criticar el hospital, porque me saturan de trabajo, pero en el fondo, saber que me llevo a casa esas sonrisas.
Quiero ver a Alberto, y notar su cariño desde su manera de ser. Echo de menos todo lo mío, ser quién soy, hacer lo que estoy hecha para hacer, y no empeñarme en dedicarme a cosas que aparte de que no se me dan bien, me resultan totalmente superfluas.
Me gustaría llegar al día D. Para hablar conmigo misma y decirme: 'Que esto nunca te cambie.'
Estoy harta de todos. De todas y cada una de las personas que me rodean y más que de nadie, de mí. Porque no soy capaz de diferenciarlos a unos de otros, ni ver su magia, ni nada...

5 jul. 2011

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Ahora tu cabeza es una tormenta de arena.

4 jul. 2011

Si tú supieras...

Hay días en los que las escaleras te reciben triste, porque sí, y solo, sobretodo solo. Y agotado. Cansado de una vida frenética y agresiva, una lucha entre gente mala, buena y tú. Tú buscando a alguien parecido con quién compartir las minúsculas partículas voladoras que se ven a través de la luz de la lámpara. No se trata de amor, para nada, los bufones ya deciden su destino. Lo que sí y lo que no. Hay días que no tengo ganas de hablar con nadie, porque lo que tengo que decir no es nada más relevante que el tic-tac del segundero del reloj amarillo. Un reloj amarillo. Y la vida que intenta destruirte dándote todo tipo de envidias, enseñándote todo aquello que no tienes, y que no tendrás, porque no eres capaz de amarrarlo. Porque no quieres. Los recuerdos repiqueteando encima de la mesa como la primera lluvia de abril, diciendo lo que no eres. Feliz.
La gente como artistas callejeros, todos tienen algo que ofrecer, algo por lo que pagarías, o te enamorarías, y yo solo río.
Y lo cierto es que no sé que hago aquí, con un sueño permanente que no calma ni con mil horas de cama seguidas. Porque alguien se los llevó, y robarselos a otro no es lo mismo. Y no es válido. Al menos, no para mí.

VOLAR.

3 días…