3 nov. 2013

Dos gotas.

Llegó, puntual, en la cama, cuando sabe que estoy sola en casa. Me hizo ponerme las zapatillas y destrozarme la piel de los dedos. Y corriendo, dos desastres más. Es como si supiera hacerlo todo pero a mitad, como si no pudiera terminar nada bien, como si pasara de la raya y entonces desilusionara a todos e hiciera reír al mundo. Y algo dentro se va haciendo más pequeño y por fuera más duro, y pido menos y tiro lo demás. Y el mañana pinta vacío. Y el futuro me huele a mierda.
He intentado vivir del aire por encima de mis posibilidades.
A todo el mundo le gusta. A unos más que otros. Bueno, a mí más que a nadie.