23 dic. 2015

Feliz, feliz, entre tus piernas.
Feliz, feliz, dándote guerra.
Feliz, feliz, ay con tu lengua.

19 dic. 2015

Adiós.

Hoy puedo sentarme a escribir, a las 4:53. Hoy porque, por fín, después de más de tres años, mis pensamientos no han ido a lo mismo al despertar, y por querer no dormirme con los mismos mis dedos golpean con fuerza el teclado para acabar con todo de una vez.
Maldito 2015. Cuántos fracasos juntos.
Todo empezó creyéndome que el trabajo era más importante que estar con los abrazos de quien quiero, y se me escaparon las lágrimas en un baño que pensé que me pertenecía, y las lágrimas se me antojaron extrañas, y le conté a todo el mundo que no me importaba pasar esa noche con quien la pasaba y haciendo lo que hacía. Siguió con un proyecto que todo el mundo sabía que no era para mí, incluso yo lo sabía, pero decidí seguir adelante porque era lo que tenía que hacer en ese momento.
En febrero cumplí un sueño, a veces no sé si lo cumplí porque en ese momento lo deseaba o porque era lo que siempre había deseado y tenía que responder a la oportunidad que por fin se me brindaba, aunque la verdad, no estaba preparada. Aún así y por suerte, recuerdo esos 20 días como los más felices del año y los únicos dignos verdaderamente de guardar. Este año he preferido no hacerlo cuando la oportunidad ha llamado otra vez a mi puerta, he preferido ayudarme a mí antes que empezar a salvar a los demás, y he aprendido a decir "No, no quiero".
Abril fue un drama, la base de mi felicidad se estrelló estrepitosamente contra el suelo de mi habitación, y creo que fue justo entonces donde empecé a dejar de creer en mí. Se sumó el crecer de repente. Más seria, más formal, la agenda llena de mierdas y un teléfono que no dejaba de sonar.
En mayo me morí de celos, y en junio me dí cuenta que mi hermana y yo estamos muy lejos la una de la otra. Y que además, estaba perdiendo la cabeza.
El primer fin de semana de julio me dieron un beso en el que me hubiera quedado para siempre.
Tuve el peor cumpleaños de mi vida, pero a pesar de que ese día me repetí un millón de veces "No me lo merezco" no tuve suficiente, y culpé de ello a toda la gente a la que no di las gracias por acordarse de mi en un día tan importante.
Agosto pasó sin pena ni gloria, aunque recuperé la fe en mi profesión.
Y en septiembre me di cuenta de que llevaba mil años viviendo con miedo y que siempre sería así, por cobarde, dejé de querer formar una familia porque el que la quería formar conmigo había roto la suya. Compartí mi casa y di todo lo que tenía. Además, me quedé sin hermana.
En octubre lo olvidé todo y al volver, no quería acostarme en su nueva cama, aunque por fuera me había auto-convencido para comprar una juntos. Cambie un niño por un perro, cuando siempre los he odiado y me reía del que me decía que no me reconocía.
Noviembre pasó fugaz entre aviones, coches prestados, miles de kilómetros y sustos. A alguien se le olvidó felicitar a mi madre y preguntar como estaba mi abuelo, y eso me dolía más que todas las otras cosas. Por suerte, aprendí a perdonar a alguien tan importante como mi hermana porque no quería convertirme en esa clase de persona.
Mis abuelos se pusieron enfermos los dos a la vez y por primera vez sentí que se me escapaban. Me convertí en su sombra y en su merienda, y pienso serlo eternamente si me dejan.
Hace una semana descubrí la gran mentira de mi vida y di las gracias por despecho. Hoy, una semana después, doy gracias de corazón, porque muchas cosas se están desmoronando y he gastado demasiado tiempo viviendo al lado de alguien que no sabe hacer de pilar, porque no quería viajar en su compañía, porque no quería compartir los cubiertos, porque no me gusta que me griten, porque la vida es bonita y porque mi familia y mis amigos no se los merece cualquiera.
Por que no haya más lágrimas, ni mías ni de los míos.
Porque hace muchísimo tiempo que siento celos bonitos de otra persona y aunque no sé bien ni porqué, lo que quiero es alguien que me coja en brazos en mitad del patio del hospital para que no esté triste, alguien al que no le importe hacerme mil fotos cuando vayamos de viaje, y que haga que me tiemble todo el cuerpo sólo con rozarme las rodillas. Porque no sentía nada, y ahora sí. Y seguramente muy pronto, por mucho más.

9 dic. 2015

- Estoy cansada.
- Ya lo sé...