29 ene. 2017

1300 kilómetros

Despacio, me deslizo sin hacer ruido, sin dejarme ver, no respiro y que el aire no me delate. ¿Estás bien? Me aseguro y a la vez lo dudo.
Luz bajo la puerta y una almohada demasiado ruidosa. Doy vueltas, izquierda, derecha, me subo la cremallera blanca. El pitido que anuncia las horas en punto acaba de presentar las 4:00.
Silencio. Me ahogo. Cojo una bocanada de aire.
Las 4:01.
Me equivocaba, la peor es ésta.
¿Enero, ya te has ido?
Me encuentro mirándome golpear las uñas contra la mesa del bar esta mañana, ida, y ahora me ciega la luz del móvil.
Tengo sed. Y miedo. Me mojo los labios, suelto el aire. Estiro las sábanas, para taparme más arriba, más. Miro hacia dentro, más, más, nada. Dos lágrimas, hasta la manera de llorar me sabe a poco. A poco.
"Nunca para ti es suficiente, no puedo más." Gritas en mi cabeza. "No eres suficiente, no hay más". Ahora ando deprisa por Barcelona, llevo el jersey blanco y se me enredan los brazos y el odio en él. Te grito. La gente se vuelve a mirar. Me siento. Me falta el aire. Y tiempo. Sobretodo me falta tiempo.

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